lunes, 21 de mayo de 2012

20 años del 20 M (II)


Aquella tarde-noche londinense había nervios en el césped, en la grada... y en el banquillo. "Estaba con Txiki, con Alexanko, con Goiko y con Carles Busquets. Era un banquillo distinto al del Camp Nou, que entonces estaba más hundido. Era un banquillo externo. Comenzó el partido, hubo una oportunidad de Vialli, luego algunas nuestras y aquello no se definía... Estábamos nerviosos y en tensión", se arranca Miquel Àngel Nadal. Repasando las alineaciones de aquel día su nombre debió salir. Se disponía a entrar en el campo cuando Koeman marcó el gol de su vida. Un gol que supuso que Nadal no jugara. Cambio de planes, Alexanko en escena y a mirar el final desde la barrera. "Yo quería participar, me moría de ganas por jugar ya desde el principio -relata Nadal-. Ya había hecho el calentamiento, ya estaba a punto de salir por un compañero. ¿Qué si me sabe mal no haber jugado? Uno siempre querría estar, pero en aquel momento pesó más la locura, la alegría, el instante del gol que el punto de decepción por no salir. El triunfo era demasiado importante como para no participar de aquella felicidad. Fue un orgullo estar allí en aquella catedral del fútbol. No había otro escenario mejor para lograr la primera".
Para Nadal era su primera temporada en el club. Para Alexanko, que era el capitán, la undécima. Recibió unas instrucciones muy claras en aquel momento en que el Barça ya ganaba. "En medio del estallido de alegría por el tanto de Koeman tanto Johan (Cruyff) como Charly me dijeron que reforzara la defensa, que aguantáramos, que de ahí hasta el final de la prórroga que, por favor, no pasara nada", argumenta Talín, el primer barcelonista en levantar una Copa de Europa. "No conté los escalones que había hasta llegar al palco de Wembley pero sí recuerdo la gran satisfacción que sentí cuando cogí la copa, cuando se la pasé al presidente y a los compañeros. Sentí felicidad sobre todo por la gente, por el alivio de que el club pudiera tener ese trofeo". Dos décadas después una réplica de la Copa de Europa sigue teniendo un lugar preferente en la vitrina donde Alexanko guarda los recuerdos de su época de jugador.
Antes que el capitán salió a jugar, como revulsivo, Jon Andoni Goikoetxea. El extremo, que en la temporada anterior había completado una temporada excepcional, tenía claro cuál era su cometido. "Me pidieron que hiciera lo que sabía hacer. Es decir que intentara el uno contra uno, que buscara el desborde y tirara centros", señala Goiko, que albergó la esperanza de ser titular hasta pocas horas antes del partido. "El once inicial nos lo comunicó en el hotel Johan hacia el mediodía, como hacía siempre. Como era un entrenador que solía sorprender, no sabías qué esperar, no le gustaba repetir muchas veces el mismo once", apunta el navarro. Para sorpresa la que se llevó el viernes anterior a la disputa del partido Julio Salinas. "Me llamó Cruyff y me dijo que me cuidara y no saliera mucho ese fin de semana porque iba a ser titular". Para entonces el vasco casi nunca jugaba y esa fue una cruyffada que a punto estuvo de salir redonda porque Julio bien pudo marcar. "Si mi bota no está en el Museu es porque el portero Pagliuca me paró mi ocasión".

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